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Isabel Sananes

Terapia para la ansiedad online

La ansiedad casi nunca avisa de dónde viene. Aparece como un cuerpo alerta, una cabeza que no para, una inquietud que no encuentra motivo. Trabajar con ella no consiste en apagarla deprisa, sino en escuchar qué está intentando decir.

Cómo se manifiesta la ansiedad

Muchas personas llegan a consulta describiendo el cuerpo antes que la emoción, con presión en el pecho, respiración corta, tensión en la mandíbula o en los hombros, digestiones que se alteran, un sueño que se rompe de madrugada. Otras lo describen como pensamiento, anticipando, revisando, imaginando lo peor, sin poder soltar una conversación que ya terminó.

También está la angustia, que no es exactamente lo mismo. La ansiedad suele tener un objeto, algo que temo que pase; la angustia aparece sin objeto, como una amenaza difusa, un vacío, una urgencia que no sabe hacia dónde ir. Distinguirlas ya es parte del trabajo.

Y están las crisis de ansiedad, que asustan porque el cuerpo parece desbordarse de golpe. No son peligrosas, pero sí muy desagradables, y dejan un miedo añadido, el de que vuelvan a repetirse.

Qué suele traer a alguien a consulta

A veces hay un desencadenante claro, una mudanza, una separación, una enfermedad, un cambio de trabajo, una responsabilidad nueva que pesa más de lo esperado. Otras veces no hay ninguno, y eso mismo desconcierta, porque todo está aparentemente bien y aun así el cuerpo no descansa.

Es frecuente que la persona haya probado antes soluciones razonables, dormir mejor, hacer deporte, reducir el café, apps de respiración, y que hayan aliviado algo sin llegar al fondo. Cuando la ansiedad vuelve una y otra vez, suele estar sosteniendo algo que todavía no ha podido decirse.

También llegan personas que llevan años funcionando con un nivel alto de tensión y lo han normalizado, hasta que el cuerpo pone un límite.

Lo que se siente por dentro

Cansancio, sobre todo. Estar en guardia agota. Muchas personas describen la sensación de vivir con el motor encendido incluso en momentos tranquilos, y luego llega la culpa, la idea de que no debería estar así, de que no hay motivos.

Suele haber también vergüenza y aislamiento. Se aprende a disimularlo bien, de modo que en el trabajo nadie lo nota y en casa se contiene. Ese esfuerzo por sostener la apariencia consume una parte enorme de la energía disponible.

Qué puede trabajarse

En un proceso psicoanalítico no tratamos la ansiedad como un error que hay que corregir, sino como una señal. Escuchamos en qué momentos aparece, qué la precede, qué se estaba pensando justo antes, qué situaciones la repiten. Con el tiempo esa señal deja de ser ruido y empieza a tener contexto.

Ahí aparecen temas que suelen estar debajo, exigencias antiguas, miedo a defraudar, dificultad para poner límites, pérdidas que no se lloraron, decisiones que se posponen. Nombrarlos no elimina la ansiedad de un día para otro, pero cambia su lugar; deja de ser una amenaza inexplicable y pasa a ser algo que se puede pensar.

En paralelo, muchas personas notan pronto un alivio distinto, el de tener un horario fijo, propio, en el que no hay que sostener nada.

Cómo acompaño estos procesos

Trabajo desde la escucha psicoanalítica, sin agenda de sesión ni ejercicios impuestos, prestando atención a lo que se repite y a lo que se evita. Nos vemos una vez por semana, en un horario fijo, por videollamada.

No hago diagnósticos que definan a la persona ni prometo un tiempo determinado. Sí puedo decir cómo trabajo y qué se puede esperar de un proceso sostenido. Si consideras que un tratamiento médico puede ser útil, lo conversamos y puede coordinarse con tu médico o médica; la terapia no lo sustituye ni lo excluye.

Lo que puedes esperar de un proceso

  • Una primera sesión de encuentro, sin obligación de continuar.
  • Un espacio semanal fijo, en español o en inglés.
  • Escucha sin prisa, sin necesidad de llegar con el relato ordenado.
  • Confidencialidad y secreto profesional.
  • Un trabajo que apunta a comprender, no sólo a reducir síntomas.

Cuándo puede ser un buen momento

Cuando la ansiedad condiciona decisiones cotidianas, como evitar planes, conversaciones o viajes. Cuando el descanso ya no repara. Cuando aparece con frecuencia el pensamiento de que así no se puede seguir.

También antes de eso, porque no hace falta estar desbordado para consultar. Muchos procesos empiezan cuando alguien nota que algo se repite y quiere entenderlo mientras todavía tiene margen.

Preguntas sobre la terapia para la ansiedad

Estas son las dudas que me llegan con más frecuencia antes de empezar un proceso por ansiedad o angustia.

Varía mucho entre personas y no puedo comprometer plazos. Lo que suele aparecer primero no es la desaparición del síntoma, sino un cambio en la relación con él; la ansiedad deja de vivirse como algo que llega de la nada. A partir de ahí, el trabajo continúa.

Si estás pensando en comenzar un proceso de psicoterapia.

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